Por: Julián Angulo
OBJETIVOS
ARGUMENTACIÓN
Hoy en día al hablar de emprendimiento lo relacionamos con aquellas personas que están iniciando una nueva empresa o proyecto laboral, sin embargo etimológicamente hablando, este término puede usarse también para quienes realizan un esfuerzo adicional para alcanzar una meta.
No se puede emprender algo de lo cual no se tenga una misión, un propósito. Cómo hijos de Dios nos preguntamos muchas veces cómo obtengo esa misión para aquello que debo emprender y si lo que quiero emprender realmente obedece a ese propósito que Dios tiene para mi vida.
Jesús muchas veces afirmó que que todo lo que él emprendió en la tierra, desde el hecho de despojarse de su gloria, cada milagro que él obró, cada viaje que inició, cada persona a la que se acercó, hasta el morir en el madero, provenían directamente del deseo de Dios Padre para con él y para con la humanidad.
Entonces Jesús afirmó: ―Ciertamente les aseguro que el hijo no puede hacer nada por su propia cuenta, sino solamente lo que ve que su padre hace, porque cualquier cosa que hace el padre, la hace también el hijo. Juan 5.19 NVI
Cuando se acercaba lo más difícil para Jesús (y él lo sabía), le expresó al Padre sus ansias por no pasar por este momento, casi preguntándole si había otra posibilidad, otra manera de cumplir su misión. Sin embargo termina su clamor diciendo que está dispuesto a todo esto por cumplir la voluntad de Dios por encima de sus deseos.
Yendo un poco más allá, se postró sobre su rostro y oró: «Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú». Mateo 26.39 NVI
En la Biblia encontramos la voluntad general de Dios para con el hombre más no la voluntad específica para cada uno, por lo que necesitamos de varios principios para descubrirla y poder emprender. Uno de estos es la fe. La fe no es algo a lo cual nosotros mismos le damos origen ni dirección. Si no nace de Dios, es fe en la fe, algo totalmente humanista. Agota las fuerzas, los recursos y con ello trae inconformidad al ver que finalmente no se produce un resultado eterno. No necesariamente veremos los resultados de inmediato, como le pasó a aquellos héroes de la fe, enlistados en Hebreos 11 no por sus grandes ideas, sino por su respuesta ante la voluntad de Dios.
Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo. Romanos 10.17 NVI
En el original en griego de este texto, «palabra» está escrito como RHEMA, término que significa la palabra hablada de Dios. Esta es la voluntad revelada a la vida de cada persona. Es importante aclarar que propósito específico no va a ir en contra del propósito general de Dios y de su Palabra escrita (LOGOS), sino que contribuye de manera contundente. Esto conlleva a otro principio, el relacionamiento con Dios. De otra forma no podemos llegar a conocer su voluntad y dar fruto con lo que hacemos.
Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecer en mí. »Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí, no pueden ustedes hacer nada. Juan 15.4-5 NVI
Este relacionamiento no se trata de algo esporádico, aunque no voy a aseverar que no se puede dar una revelación durante un encuentro o momento singular. Pero si realmente queremos ser relevantes con lo que emprendemos debemos prestar atención a lo que está recalcando Juan acerca de permanecer. Es una acción que requiere compromiso y constancia.
Por otro lado, debemos observar al momento de definir qué vamos a emprender y cómo lo vamos a ejecutar, con qué cosas particulares nos ha dotado Dios. Pablo nos indica (y lo podemos ver claramente en la versión DHH) que Dios no solo nos ha entregado a cada uno una medida de fe, sino unos dones que que la acompañan.
Por el encargo que Dios en su bondad me ha dado, digo a todos ustedes que ninguno piense de sí mismo más de lo que debe pensar. Antes bien, cada uno piense de sí con moderación, según los dones que Dios le haya dado junto con la fe. Romanos 12.3 DHH
Entonces al ver esas capacidades y dones con los que contamos podemos obtener una dirección y afirmar aquello que vamos a emprender. En algunos casos son esos dones algo que nos impulsa, pero en otros Dios nos capacita a medida que vamos avanzando en el camino. De cualquiera de las formas, Él nos invita a responder a su llamado y nos da lo necesario para cumplir con su encomienda, lo imprescindible es no perder la razón de ser de lo que estamos o vamos a emprender.
METODOLOGÍA
| TIEMPO | BLOQUE | ACTIVIDAD |
| 5´ | Apertura | Luego de la enseñanza, dividir el auditorio en grupos pequeños donde puedan realizar y socializar los ejercicios. |
| 5´ | Ejercicio 1 | Hacer u listado de emprendedores (teniendo en cuenta que no solo se trata de empresa o negocio) en la Biblia, con los respectivos textos donde se relaten sus historias. |
| 15´ | Ejercicio 2 | Analizar por lo menos dos casos de la lista. ¿Qué emprendieron? ¿Cómo recibieron su llamado? ¿Cómo iniciaron? ¿En qué se evidenció su compromiso? ¿Cuándo se dio el cumplimiento de la meta? Compartir con el grupo, lo que encontraron. |
| 5´ | Vídeo | Colocar el vídeo para todo el auditorio, con el que se puede reflexionar acerca de la Palabra y pensar en el llamado que cada uno ha recibido por parte de Dios (click aquí para acceder al vídeo). |
| 10´ | Reflexión personal | Según todo lo anterior, llevar a los estudiantes a reflexionar de manera individual, qué dones, qué palabras e instrucciones ha recibido de parte de Dios. Anotar qué sería lo próximo a emprender y proponerse tiempos para iniciar. Si aún no hay claridad, escribir ideas y a manera de petición para poner delante de Dios. |